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Hay una parte de mi carácter que ya no me sirve para vivir, la exigencia. He pasado muchos años con una alta exigencia hacia mi misma y ahora que es verano, época que me encanta, me doy cuenta que quiero que mi vida sea más dulce, bajar mi nivel de exigencia, que los dias pasen por mi como una caricia y no importa si esa caricia incluye la risa o el llanto, las acepto…

¿Algunas vez has pensado en aquello de ti mism@ o de alrededor que no dejas partir? Puede ser algo de tu personalidad que sigue estando y que ya no quieres que esté o alguna persona o situación que no te atreves a soltar, tal vez por miedo….

La vida son ciclos, en los que vamos aprendiendo lo necesario para seguir al siguiente, y muchas veces cuando nos empeñamos en esto o aquello simplemente atascamos ese camino de evolución.

A mi me sirve la imagen de un coche, en el que voy y al que por las circunstancias le voy cambiando las piezas, por que ya no sirven o porque quiero alguna más moderna, y en ese coche voy subiendo y bajando personas, y a todas al bajar les doy las gracias por haber subido y haber compartido esa parte del camino conmigo… y cuando ya el coche no va…pues lo cambio y empiezo otro ciclo…. y esa soy yo, la que elijo ser…. y cuando suelto lo que no fluye….respiro y uffff… me siento más ligera….

Y tú que tal ¿Que sientes al soltar y dejar partir?

“Esto de ser humanos es
como una casa de invitados.
Cada mañana una nueva llegada.

Una alegría, una depresión, una maldad,
un darse cuenta momentáneo aparece
como un inesperado visitante.

Dales la bienvenida y entretenlos a todos!
Aunque sean una multitud de penas,
que barren con violencia el piso de tu casa,
vacían tus muebles,
así y todo, trata a cada invitado
con honorabilidad.
Te puede estar limpiando
para alguna nueva delicia.

El pensamiento oscuro,
la verguenza, la malicia,
encuéntralos en la puerta riendo,
e invítalos a entrar.

Se agradecido con el que venga,
porque cada uno ha sido enviado
como un guía del más allá”

Rumi

 

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