Hace algunos meses que me preparo para un cambio de trabajo, es un cambio que he pedido yo, por considerar que he aprendido lo suficiente donde estoy para poder volar hacia otros proyectos. La situación del cambio, la tristeza que me genera el dejar lo conocido y la incertidumbre de lo nuevo, me hace sentir con un revoltijo de emociones.

¿Cuántas veces nos sentimos así en el camino del adiós?

Hay miles de circunstancias por las que la vida nos pone delante de un adiós, del camino del duelo: una muerte, una ruptura, la elección de nuevos rumbos, una mudanza, el dejar atrás a la niña que fui, adolescente, adulta…aceptar la vejez… Entender que las heridas del corazón nos enseñan, mucho más que los momentos placenteros y nos preparan para apreciar mejor los momentos bellos de la vida.

Me encuentro en estos momentos en un cierre de ciclo…. Me siento agradecida por lo aprendido, a ratos triste, a ratos alegre de ver que en estos cinco años que he estado aquí, he aprendido a ser mejor profesional, mejor persona. He aprendido que acercarme a lo humano, a las emociones que veo y siento en otros, que me hacen ver lo mío.

Me doy cuenta de la importancia de no escapar de lo que siento, porque sé que me prepara para lo nuevo y dejo espacio a lo que voy sintiendo. Y a ratos camino sola con ello, en otros ratos busco manos amigas que me acompañan. Escucho también mi necesidad de ir más despacio, en el camino del duelo, correr no sirve de nada.

Y descubro que cada lágrima, cada sonrisa, cada enfado y el dolor, que están en mi propio camino, me conecta con los otr@s, con los que en este momento pasan situaciones parecidas, me llevan a mi propia transformación y me preparan a lo que vendrá. Me siento agradecida por buscarlo, aunque a ratos tema….

Y como decía  Gurdjieff en esta bella frase “Los obstáculos son muy útiles para el hombre; si no existieran tendrían que ser creados intencionalmente, porque es venciendo obstáculos que el hombre desarrolla esas cualidades que necesita.”

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