Con frecuencia escucho frases como las siguientes:

«Mi hijo es un vago, no hace los deberes»

«Pobrecita le cuesta tanto que no creo que vaya superar esta asignatura»

«Ya sabes como es, hay que estar detrás de el para que haga las cosas, no ayuda en nada»

«Me han llamado nuevamente del colegio, no puede estar quieto en clase, voy a ver si le recetan algo porque esto no es normal»

Las palabras tienen un efecto tremendo desde que las emitimos. La consecuencia puede ser destruir la autoestima o elevarla, construir una buena relación o alejarla, establecer relaciones de respeto – cercanía y muchas otras que revisaremos.

Reconozco que me llama la atención que se pueda hablar de forma negativa de los propios hijos, y lo que os propongo no es idealizar la relación padre-madre – hijos, si no abrir la consciencia a lo importancia del respeto en la comunicación con los propios hijos para que se convierta en un feedback positivo.

A continuación algunas claves para comprender lo que se mueve dentro de nosotros:

La imagen idealizada de los hijos perfectos:

Está muy arraigada en el inconsciente colectivo la imagen de los hijos que sólo hacen lo que dicen los padres, durante los primeros 60 años del siglo XX se consiguió una imagen «estándar» de familia. Padre , madre e hijos convivían en una armonía, al menos aparente, dentro del hogar.

Hoy en día el modelo familia ha cambiado y se ha adaptado, sumando nuevos modelos además del tradicional, es así como puede haber familias monoparentales, familias de parejas homosexuales, familias reconstitutidas, etc…

Y sin embargo el modelo de «hijo perfecto» sigue siendo el mismo: Niño o niña que no da problemas, que no se rebela ante lo que dicen los padres, que saca excelentes calificaciones y que es un virtuoso de la música, el deporte, el arte, etc…

¿Y que pasa con los hijos que no cumplen ese patrón?

Se convierten en el patito feo, en el que nadie espera «nada» de el o ella porque «con tantas limitaciones» poco puede cambiar.

Y lo digo así de duro porque imaginad lo duro que puede ser para un menor escuchar de sus personas más amadas, que no vale, que no podrá, que aunque se esfuerce no lo conseguirá….

Los hijos son perfectos no por sus logros, sino por quienes son, por lo que han venido a enseñarnos acerca de nuestras propias ideas, a romper con los prejuicios, a conocer que puedes amar a alguien tanto como a ti misma y aún así permitirle que cometa errores y apoyarle para que continúe.

Los hijos nos conectan con nuestra propia infancia:

¿Cómo fue tu infancia? ¿Qué recibiste, quizás reproches, exigencia, amor, confianza, seguridad?

Es posible que si no revisas tu historia estés proyectando los patrones recibidos en tu crianza.

Es posible cambiar si haces un trabajo personal y terapéutico.

Los hijos son material sensible y no siempre vamos a hacerlo bien pero para mí hay tres palabras claves: Confianza, Amor, límites.

Si transmites a tus hijos que confías en ellos, en sus capacidades y en que pueden hacerlo bien les das una seguridad que les acompañará toda la vida. En sus momentos más difíciles recurrirán al sentimiento básico de confianza y encontrarán allí la fortaleza para sortear obstáculos.

El amor es fundamental para que la crianza fluya desde el respeto al SER, no te amo por lo que haces o por la satisfacción que me das, te amo por quien eres y amo tu ser tal cual es. No quiero cambiarte ni moldearte, solo darte herramientas para que puedas gestionar tu propia vida.

Los límites, territorio espinoso por excelencia porque como los hijos no vienen con manual podemos transitar entre la total permisividad y la rigidez extrema. Los límites tiene el objetivo de formar en los hijos los valores, comprender la acción correcta y el «no todo vale».

Los limites también pude ser amorosos, los premios y los castigos en la generación 3.0 tienen que ser muy inteligentes, tanto como lo son los niños y jóvenes de estas generaciones.

La figura del castigo tan utilizada, tan manida, tan recurrida…. me parece tan tan…. Podemos aprender a reforzar desde lo positivo, el castigo se convierte en un recurso sin fin cuando los niños no comprenden lo que les pasa y las consecuencias de sus actos.

Hace poco vi un vídeo que me impactó, eran las mismas frases que los adultos le dicen a los niños dichas de adulto a adulto y os confieso que me pareció tan claro como unas palabras pueden vulnerar o irrespetar tanto a un niño.

El refuerzo positivo hace mucho más que cualquier castigo. ¿Recuerdas la última vez que tu jefe te llamó para felicitarte? Es posible que si o que no….pero mucho de lo que nos pasa en la edad adulta está relacionado con la infancia.

Puede ser que vivas esperando que tu jefe te diga que bien lo haces o también que te sientas satisfecho de lo que haces sin esperar nada, ya que eres capaz de darte tu propio refuerzo positivo.

El refuerzo y la confianza de los padres hace que los hijos crezcan con salud emocional, tan necesaria como la salud física y mental. Pongamos atención a esto.

El ego de los padres:

En el mundo de las emociones el ego se maneja entre la envidia, la soberbia, la rabia, las decepciones, las frustraciones y otros.

¿Cómo te sientes con respecto a tu hijo o hija?

No somos conscientes pero el ego de los padres existe. Nos sentimos bien y reconfortados cuando con los hijos todo va bien, es gratificante.

Sin embargo cuando hay dificultades, cuando te encuentras con un hijo o hija rebelde, que no hace todo lo que dices, que no dice todo lo que quieres, que no se corresponde con la imagen idealizada que tienes de ser padre o madres, estallas.

Y entonces aparece la culpa… Que no lo he hecho bien, que no va a salir de esto, que se está equivocando, que no es inteligente, que es vago, que no aprenderá NUNCA, que pobrecito que débil que es todo el mundo le tomará el pelo…

La pregunta es ¿Qué te pasa a ti cuando tu hijo reacciona así?

Que sucede dentro de ti, es miedo, es rabia, es tristeza, que emoción estás sintiendo?. Pregúntate cómo te comunicas con tus hijos cuando sientes estas emociones, quizás desde el reproche, la exigencia, la frustración.

Es tu ego el que te lleva de la mano cuando hablas a tus hijos desde allí.

Reflexiona acerca de cómo puedes acompañar en su crecimiento a tus hijos desde una gestión emocional sana y para ello es preciso que conozcas tus propias emociones y no las vuelques en ellos.

Siempre cuento esta anécdota con mi madre: Yo tenía 12 años y había trabajado mucho en clase para irme en un buque de la armada Venezolana a replantar una pequeña Isla en el Caribe. Iba con profesores y alumnos de muchos colegios.

Cuando llegamos al Puerto de salida había un temporal tremendo y yo veía como muchos padres les decían a sus hijos que no subirían al barco. Yo solo veía a mi madre y esperaba que ella no hiciera lo mismo.

Cuando llegamos a la escalera de embarque mi madre me dio un beso, un abrazo y me dijo «Que disfrutes y aprendas mucho en este viaje» .

Debo decir que quizás mi madre no lo sabe pero aquel episodio marcó un momento de mi vida, confió en mí, apartó sus miedos y fue capaz de despedirse sin hacer drama, sin volcar sus temores en mi y en lo que podría pasar. Seguro que tenía miedo pero ella también confió. (Por cierto GRACIAS MAMÄ!!)

La confianza se transmite mucho desde las palabras y también hay que comunicarles que la confianza tiene un valor, cuando la vulneras hay que volver a construirla..

Importante en la relación con los hijos, donde hay amor hay confianza, donde hay confianza hay respeto y buena comunicación.

No grites, no juzgues, escucha:

«Mi hijo o hija no habla conmigo» Lo escucho también a menudo.

¿Hablarías tú con alguien que no tiene tiempo para escucharte, que todo lo que cuentas lo critica, que no pone interés en lo que le dices, que juzga todo lo que haces y dices?

Es probable que no.

Para que la comunicación con los hijos fluya hay que cuidar el entorno, apaga la televisión, deja el móvil, interesate por lo que te está contando.

Os digo algo, cuando los hijos nos dicen algo y estamos pensando «que tontería lo que me está diciendo» ellos lo notan.

Intéresate por sus juegos, por lo que le gusta, por sus amigos. Crea espacios junto a ellos o ellas. Cuando son pequeños, lee por la noche un cuento, la lectura en familia crea vínculos sólidos con los hijos. Cuando crezca  llévale al cine, comenta la película, comparte con él o ella un helado, aprende a conocerlo.

Acércate y dile que le amas, con o sin palabras, abrazale, hazle su comida preferida, cuéntale tus propias experiencias, las de tus padres, las de tus abuelos….Que no se pierda la memoria de esa familia.

Saber de donde venimos en la mejor forma de tener consciencia de la importancia del esfuerzo.

Dale responsabilidades de acuerdo a su edad, por ejemplo cuando son adolescentes no le limpies la habitación, aunque te sangren los ojos de verlo, cierra la puerta. Aprenderá que su espacio es su responsabilidad y cuando no pueda soportar vivir así lo recogerá.

No se trata de facilitarles todo, se trata de acompañarles a crecer con inteligencia emocional.

Se sutil y no juzgues sus amistades, háblales de los peligros de la droga, del alcohol, del sexo sin protección, de responder a extraños.

No tires la toalla porque no responde a lo que tu quieres y si la tiras, concédete un período de descanso, para volver a la historia con más energía.

Confía ti mismo porque los hijos sólo aprenden del ejemplo… de lo que ven en ti, por eso intenta tener una buena vida. Sonríete, cuídate, date placeres. Así aprenderán que pueden estar bien consigo mismos, como lo estás tú.

Disfrútales y libérate de lo que piensen los demás acerca de ellos, no es relevante. Lo importante es tu relación con ellos y eso si que será para toda la vida.

Comparto este maravilloso poema de Kalilh Gibran «Tus hijos no son tus hijos»

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

 

 

 

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