Termino de trabajar y me voy a casa, de camino al trabajo y hoy miro hacia arriba, mi ciudad tiene mucho edificios y como deberes me he puesto ir descubriendo en mi camino algo nuevo cada día. Poner atención en cosas que no había visto antes.

Oscurece pronto y las luces de las farolas iluminan levemente las calles, me gusta la sensación de no pensar en nada. Caminar sin pensar, sólo caminar, que sensación más placentera.

Ya llegando a mi casa pienso en cómo el pensamiento me aprisiona, cuando camino y pienso, en realidad sólo pienso y dejo de disfrutar. El pensamiento puede enjaularnos en determinados momentos, cuando permitimos que dirija nuestra vida y somos prisioner@s de lo que nos dice.

Los pensamientos rumiantes o repetitivos son como una domador que castiga con sus latigazos, y no ofrecen cambios en las situaciones difíciles, que es cuando aparecen. Ante las dificultades, la mejor opción es parar, respirar. Y dejar descansar el pensamiento.

El antídoto ideal es la meditación, hay muchas formas de practicarla. Es un proceso paulatino el aprender a silenciar el pensamiento, conectar con nuestra respiración de forma suave.

Los espacios libres de las trampas de la mente despiertan la creatividad, el placer.  Y lo voy descubriendo cuando salgo fuera de la jaula del pensamiento.

¿TE ATREVES A SALIR?

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