Una música suave resuena dentro de mi y enfrente hay un cristal, detras de ese cristal, las palmeras y la vista de una playa en una tarde nublada. Yo sólo escucho las intruccones de la persona que va a guiar una meditación. Meditar es, acallar la mente.

Hoy  me va bien hacerlo, estoy en etapa de despedida. Cambio de trabajo y mi sensación es de cierre de un ciclo. Si algo he aprendido en mi  vida es la importancia de cerrar, la vida y la muerte en cada ciclo, como las estaciones que nos recuerdan que algo acaba y algo comienza, y también que cuando perdemos algo ganamos otras cosas…

Yo decido vivir mi duelo y no saltarme lo que implica, tristezas, despedidas, extrañar, miedo a lo desconocido. Al fin y al cabo es la vida y es la muerte también. Recuerdo especialmente cuando murió mi abuelo Pacho, tras una enfermedad larga la noche de su muerte todos sus hijos y nietos pudimos despedirle, diciéndole algo al oido. En el ambiente había tristeza y también una energía especial de amor y hoy aún aunque estoy triste

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