silencio

Subir al tranvía para llegar al trabajo es toda una experiencia por la mañana, reconozco que desde que existe el tram el trayecto resulta muy agradable, es lo que tiene mi ciudad, Alicante, buen clima, alegría mediterránea y unas vistas al mar que son una delicia para los sentidos.

Esta mañana toda esa maravilla ha contado con un fondo sonoro de una pasajera que sólo se quejaba, de su vecina, de los políticos, del trabajo, etc… y entonces me di cuenta que las personas ruidosas evidencian lo necesario que es el silencio en la vida… aunque parezca una contradicción, cuanto más ruido emitimos  hacia fuera  más miedo tenemos de los silencios hacia adentro.

Cuando la queja es usual en nuestras vidas, cuando sentimos necesidad vital por expulsar en forma de palabras toda la insatisfacción y esta práctica se convierte en algo habitual, es probable que estemos dejando toda la responsabilidad de nuestras vidas en lo externo, es decir que lo que sucede fuera evita que seamos reponsables de nuestra satisfacción o insatisfacción.

Conectar con el silencio, tumbarse y en principio escuchar la respiración es un ejercicio sencillo para escucharnos y dejar de buscar fuera lo que no es necesario, alejarnos de lo tóxico que resulta estar continuamente en la queja. Si somos l@s dueñ@s de nuestras vidas, no nos sentimos como marionetas a merced la insatisfacción  y necesidades de otros,  podemos alejarnos de la queja como factor limitante y centrarnos en nuestro propio bienestar.

“Es mejor ser rey/reina de tu silencio que esclav@ de tus palabras”

William Shakespeare

 

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