Hoy me he despertado y la luz del sol se ha metido por mi ventana. Es una luz brillante, que me recuerda que ayer no bajé las persianas. En España, el sol de la primavera es especial, parece que el cielo y el mar son más azules y que en las flores vuelvo a descubrir la energía de los colores.

Me levanto de la cama con una energía distinta, así lo siento, es como cuando algo se expande, se abre y me siento más conectada con el disfrute…. Y lo observo en las personas caminando, paseando, van solas o acompañadas y van ocupando los lugares que compartimos, las calles, las plazas, las terrazas de los bares.

La primavera es para mí abrirse a nuevas experiencias, noto diferencias en mi cuerpo con respecto al invierno y ahora el cuerpo me pide disfrutar de la naturaleza, de la familia de los amigos y amigas…  Encontrar esos lugares y espacios donde me encuentro yo, conmigo y con otros. Y el regalo contínuo del presente con los días más largos

Y también me doy cuenta de todo lo que en mi vida no me aporta bienestar,  lo que me pesa y no me interesa para seguir. Es como si llevara en la maleta  ropa de invierno que ya no me sirve, y decido que no voy arrastrarla más. Lo que necesito es ropa ligera, ropa de primavera. Entonces la suelto, la dejo en un lugar en la que ya no tengo que cargar con ella.

Y toooooodas aquellas situaciones, relaciones y personas tóxicas, que no me aportan bienestar se quedan en el lugar donde dejé la maleta.

Porque hoy es primavera y quiero ropa ligera.

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